
Hace unos días, Andrée me mandó un email que me hizo recordar el libro de Mitch Albom “Las 5 personas que encontrarás en el cielo”. ¿Lo has leído? Es un libro corto pero que, en cada una de sus páginas, tiene escondido temas importantes que quería compartir contigo.
La obra te invita a iniciar un maravilloso viaje por ti misma y a interiorizar cómo tus actos pueden cambiar la vida de otros por muy inocentes, mal o bien intencionados que sean, y en cómo personas con las que sólo has compartido algunos segundos de tu vida, pueden marcar tu camino.
Muchas veces no nos damos cuenta del poder y la responsabilidad que tenemos como personas y se nos olvida que con nuestros actos vamos dejando huellas en la vida las personas y que quizás con una acción, una mirada, una palabra o una oportunidad, le puedes cambiar la vida a alguien. ¡Fuerte!
Cuántas veces nos hemos sentido presionadas con dejar huella y trascender en este mundo con actos importantes y pensamos que sólo podremos lograrlo si llegamos a ser presidentes de una ONG o somos voluntarios en un asilo de ancianos? Bueno, este libro te dá esperanzas y te demuestra que todos los días tienes la posibilidad de ir dejando huellas, lo que sucede es que no eres consciente de que cn cosas básicas, no sólo vas pavimentando tu caminos, sino que también ayudando a pavimentar el del vecino. Y que con pequeños actos –incluso una sonrisa o un abrazo de contención– puedes hacer mucho en una persona.
Te invito a pensar en 5 personas, fuera de la familia, que han sido especiales para ti y que con alguna palabra o algún acto te marcaron y cambiaron el rumbo de tu vida. Quizás las viste 5 minutos, pero te dejaron pensando. Y si mañana las encontrarás en el cielo, piensa qué te gustaría decirles.
Y al revés, que crees que te dirían 5 personas en el cielo si se encontraran contigo. ¡Espero que no sean insultos ni rencores!
Yo estoy haciendo mi lista y a algunos espero darles las gracias en vida y no esperar a tener que encontrármelos en el cielo.
Saludos a todas, muchas gracias por leer mis palabras y a ti Andrée, muchas gracias por hacer aflorar la escritura en mí.
Ale

Hoy en Cosmo no sólo estamos profundamente emocionadas porque se ha logrado salvar Punta Choros del acecho de una termoeléctrica, sino también porque en nuestra revista de septiembre (a la venta desde mañana) llevamos de portada a la sexy y glamorosa Leonor Varela (@leonorvarela), la gran embajadora de las energías renovables.
Nuestra revista cumple 4 años y estamos más grandes. No sólo somos una de las revistas femeninas de mayor venta en kioscos de este país, sino que también en esta edición tenemos un 25% de más páginas, decenas de artículos fascinantes para todas y el adelanto de la moda de la próxima temporada (¡y nuestra ultra esperada encuesta!).
Quisiéramos agradecer todo el apoyo que nos brindan cada día y en cada edición. Lo sentimos a través de sus emails y de twitter, donde hemos podido estar conectadas siempre. Un gran abrazo y ¡viva la energía renovable!
xoxo
Andrée Burgat
(@andreeburgat)

–¿Y qué te pasa a ti?, le dije a una amiga.
–Nada. Respondió ella.
–Algo te pasa, y si estás así no podemos trabajar.
–(…) Es que el martes salí con Pedro.
–Cuál Pedro, ¿el de finanzas?.
–Sí.
–¿Y cuál es el problema?.
–No me ha llamado.
–Es jueves… a ver. Sólo esta vez te lo voy a explicar. Y no porque tenga ganas, sino porque tenemos que terminar este maldito Excel. Y con una condición…
–¿Cual?.
–Me vas a escuchar sin meter la cuchara, ¿estamos?.
Si algo aprendí en la universidad, mientras estudiaba periodismo fue la pirámide invertida. Esencialmente estipula que la información más relevante; es decir, la noticia debe ir en el primer párrafo. A riesgo de arruinar esta columna voy hacer uso de la técnica literaria en cuestión: Él no está ni ahí contigo. Seguir leyendo »

Cada vez que vivo en algún lugar, intento encontrar un rincón especial que me haga escapar de la rutina y me genere buenas vibras para el alma. Puede ser un restaurante, un parque, una cafetería o una galería de arte. Lo bautizo como “mi rincón secreto”.
Cuando era chica y vivía en el desierto de Chile, mi rincón secreto era el techo de un gallinero que había en el patio de la casa. Cero glamour, pero para mí era lo máximo en esos años. Ahí nos juntábamos con mis amigos para planear los juegos y maldades del día. Era como mi segundo hogar. Era un espacio especial, que me hacía sentir que ahí gobernaba yo, que ahí era libre de las tareas o de las ordenes de mis papás y del uniforme del colegio. Me encantaba ir a mi gallinero mal oliente y cada vez que podía me escapaba en busca de libertad territorial.
Mas vieja, cuando estaba estudiando, mi rincón secreto era un centro budista que estaba cerca de mi universidad, donde me escapaba con un par de amigos a aislarnos del mundo de los negocios y aprovechar de comer comida vegetariana casera. Casi nadie sabía de la existencia de este maravilloso rincón secreto y esa era la idea. No queríamos que perdiera su esencia de desconocido y pacífico, ya que en ese lugar se generaban conversaciones existenciales importantes que no entendía cualquiera.
Cuando conocí a mi marido, nuestro rincón secreto era un restaurante japonés pequeñito medio escondido que estaba en Providencia donde, “Kaneko”, su chef de Hiroshima, nos contabas sus aventuras por el mundo hasta llegar a Chile y se volaba inventándonos rolls que combinaban, según él, con nuestras personalidades. Ibamos casi todos los días, nos encantaba. No iba mucha gente y era muy relax, había muy buena música y un ambiente muy familiar. Ahí, en medio de rolls, sashimis y makis pasábamos horas conversando de la vida. Y fue ahí donde nos conocimos a fondo y nos terminamos de enamorar. Seguir leyendo »

Lo que ha vivido Chile entre ayer y hoy, es de esperar que lo recordemos cada vez que sintamos que las cosas que soñamos son un imposible. Sí, porque toda la lógica decía que era utópico que estos hombres estuvieran vivos. Estuve con unos amigos el viernes y todos aseguraban que los mineros estaban muertos, que el gobierno debía buscarlos para no quedar mal, pero que ya no valía nada la pena. Fui la única que jamás dudé que esta gente permanecía con vida. Es curioso, pero cada vez que alguien decía que los mineros habían perecido, yo jamás olvidaba cuando tuve el maravilloso placer de escuchar una conferencia en persona de Fernando Parrado, uno de los uruguayos perdidos en Los Andes durante 72 días. El nos explicó que lo que los salvó a ellos era haber tenido dos líderes de excepción que daban órdenes concretas, y una mentalidad que no pensaba en el futuro, sino sólo en el presente, en el aquí y el ahora. Entonces, yo imaginaba que estos mineros no eran como nosotros, simples oficinistas… sino gente con la mente entrenada para picar día a día minas que son inestables y poco amables… uno siempre habla desde su postura y experiencia, pero en este caso era necesario comprender que este tipo de seres humanos son, no sé si más fuertes que los demás chilenos, pero sí especiales, con un garra superior que los ha hecho sobrevivir.
Qué notable haber nacido en esta vida en Chile, qué fascinante que me haya tocado sentir lo que es el placer de ser chilena, lo orgullosa que me siento de haber sido una de esas personas que siempre creyó en que sí se puede vivir en condiciones adversas cuando tenemos ganas de seguir mirando el mundo de frente. No existe un día que se compare a lo que hemos vivido hoy, pasarán los años y recordaré, como todas ustedes, lo que estaba haciendo cuando supe que los mineros estaban vivos.
Cada una de nosotras sabe bien que en nuestra existencia debemos valorar las cosas esenciales. No esperen más para invitar a sus padres a comer y decirles que los quieren. No esperen a que la abuela muera para llevarle flores al cementerio, vayan a verla hoy y denle las gracias por las eternas horas dedicadas. Miren a sus hijos de frente, concéntrense en vivir el hoy. Dejen de pensar en que tal vez mañana se derrumbe todo, porque tal vez en el futuro todo sea mejor. Hoy quedó demostrado que uno siempre puede, lo que queramos lo podemos lograr.
Sinceramente, creo que jamás en mi vida tuve tantas ganas de celebrar un 18 de Septiembre en mi tierra amada.
Grande todos quienes jamás bajaron los brazos, rescatistas, autoridades, familiares, ¡todo Chile! ¡Somos grandes seres humanos! Celebremos la vida, dediquemos tiempo a valorar el simple hecho de respirar, comer y amar.
Un abrazo apretado chilenas lindas. Hoy somos un país más grande!
Viva Chile mierda!

–¿¡Qué?!, a mí ni con espátula me sacas de la cama a esa hora, fue la respuesta de una compañera de universidad cuando le comenté que me levanto a las 5:45 a.m. para ir al gimnasio.
Mientras la escuchaba, la imaginaba completamente esparcida sobre sus sábanas, succionada por la almohada, intentando despegarse de la cama con el susodicho instrumento culinario (bien mata pasiones su analogía). Entonces, me pregunté ¿por qué las mujeres no respetan la madre de todas las ecuaciones: CC-CG=CP?, es decir, calorías consumidas (o engullidas, dependiendo del caso) menos calorías gastadas es igual a un cuerpo perfecto.
¡Pero no! Las féminas prefieren sufrir por períodos de tiempo definidos. Y pucha que se autoflagelan, caen en la desesperación y el llanto. Es que he visto de todo: dietas en base a rábano, lechuga, privación de sexo (cuando bien implementado puede llegar a quemar más de 300 calorías) y la de la sopas (¡qué manera de hacer pipí!), entre muchas otras. Seguir leyendo »