
Debo haber sido una de las personas más felices este fin de semana, cuando abrí El Mercurio y vi publicado el estudio de las galletas, con nombre y apellido, que superan los niveles sugeridos de azúcar y sal. Y mi alegría se debía a que más de una vez me he topado leyendo etiquetas en un supermercado (perseguida absolutamente por las grasas trans, prohibidas en la mayoría de los países desarrollados y a las que Chile le da la pasada casi con honor) y me han mirado como bicho raro.
Pero en este estudio concreto realizado por la Corporacion Nacional de Consumidores (CONADECUS), entidad sin fines de lucro, salen sorprendentes resultados a la vista: que una de las galletas con más sodio son las Soda Light de Costa, que se supone, son lo mejor para los enfermos… :/
No les voy a dar la lata de porqué todos estos productos están a la venta cuando son nocivos para la salud porque es un tema que puede ser muy largo y un poco deprimente para quienes sienten un poco de apatía por comer saludable. Sólo quiero pedirles que se lean la página de Cosmo Body del mes de diciembre, donde una seria corporación sudafricana nos enseña cómo leer bien las etiquetas nutricionales.
Lo que sí necesito confesarles es que yo hasta hace un tiempo, comía sapos y culebras y me quejaba de tener pésima digestión, alergias, jaquecas, acné (que según yo era 100% hormonal) etc. Y cuando empezaba a darme cuenta de que estaba engordando, volvía a hacer dieta y a trotar como si el mundo se fuera a acabar. Pero desde que visito a un doctor maravilloso, que me ha enseñado cómo conocer lo que hace cada alimento en mi cuerpo, la hinchazón, el colon irritable, las jaquecas y el acné, han quedado en el olvido. Me metí en la cocina nuevamente (durante un tiempo la odié), me reconcilié con mi rol de dueña de casa y cocino lo que como con un profundo amor. Las grasas trans no figuran en mi casa y los lácteos, la harina blanca y la azúcar blanca tampoco. Sí, sé que es bien complicado de entender, pero creo que cuando uno siente el beneficio de comer en conciencia, de saber que somos energía y que nos componemos de lo que ingerimos, entonces cambia el panorama. Tampoco se trata de andar persiguiendo a la gente y de cambiarle la rutina a la familia, porque por respeto no lo haría, aunque sí necesito agradecer profundamente a mi Mr. Big por celebrar mis comidas sanitas :) y sobre todo, por no haber tomado casi nada de la por mí detestada Coca-Cola durante este fin de semana. ¡Es que la limonada con menta del jardín estaba tan rica! (Y nos hace bien :).
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