06 de 11 de 2017

Por qué unos minutos de silencio pueden dar vuelta tu día

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La mayor parte de nosotros pasamos haciendo cosas todo el tiempo: metidos en el celular, hablando, escuchando música, y tantas otras cosas. Pero pocos nos damos tiempo de estar sin actividades, en verdadero silencio. Aquí te contamos el porqué de esto, y los beneficios que puede tener para ti un ratito de silencio al día.

Un día llegas del trabajo a la casa, y encuentras que está profundamente silencioso. Un poco incómodamente silencioso, de hecho. Lo más probable es que empieces a hacer cualquier cosa, como prender la televisión, poner música, cocinar o meterte al celular. ¿Te has preguntado por qué?

Algo pasa en el verdadero silencio, sin mayores ruidos ni actividades, que a varios nos inquieta. Muy pocas personas son capaces de quedarse en él. Cuando éramos bebés, no hablábamos. Gran parte de nuestro tiempo, lo pasábamos calladit@s. Y si no necesitábamos algo básico como comer, dormir o ir al baño, estábamos tranquil@s. Pero algo pasó.

Cuando aprendemos a hablar es también cuando aprendemos a pensar. Dentro nuestro, aparece la mente. Y, de un momento a otro, ya no es tan rico estar en silencio, pues ahí nos empezamos a encontrar a solas con nuestros pensamientos. Y para nadie es agradable pasar tiempo a solas con su mente, pensando y pensando. ¡Es como tener alguien hablándote todo el día!

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Lo que muchos no saben, es que detrás de ese ruido de la mente, hay silencio. ¡Si! Detrás de esa incesante voz, hay un espacio de tranquilidad maravilloso. Es, de hecho, el lugar al que accedemos al dormir, desde donde recobramos nuestras energías.

Si quieres conocer una nueva forma que te puede ayudar a estar más relajad@, entonces dale una oportunidad al silencio, a ir más allá del ruido mental, y acceder a tu propia tranquilidad. Siempre está ahí, disponible para ti. El tema es confrontar a esa voz que habla y habla dentro nuestro, e ir más allá de ella. ¿Y cómo se hace? Pues la mente funciona al prestarle atención, como un panel solar que se enciende al darle el sol – por tanto, hay que dejar de alumbrarla con tu atención. Es así de sencillo.

Te invito a que te arriesgues y que empieces a procurarte por lo menos diez minutos de silencio consciente al día. Sin música, sin estímulos mayores, simplemente silencio. Parad@, o sentad@, sin dormirse. Si aparece la mente, no la tomes en cuenta, sólo lleva tu atención de vuelta al silencio que hay en ese momento, en ese el lugar. Más temprano que tarde, la mente empezará a perder potencia… y tu podrás disfrutar de tu bien merecido descanso.

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