03 de 11 de 2017

#RELATOSDEUNASOLTERA: LA LLORONA Y EL PEGOTE

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Desde chica he sido llorona, mi mamá me cuenta que después de que nací, a los siete meses por cierto, lanzaba lágrimas por cualquier cosa, desde hambre hasta fregar para que me tomaran en brazos.

Después de chica recuerdo haber hecho varias manipulaciones con llanto de teleserie venezolana para conseguir lo que quería y ya más grande los lagrimones que empezaron a caer eran por razones completamente distintas: pena, rabia, a veces alegría y en muchas ocasiones angustia.

Como dice “mi internacional” tengo alma de drama queen y por lo mismo, mi válvula de escape suele ser pegarme una lloradita, eso sí que de manera muy digna, ya que no hay escándalos, ni involucró de terceros con el fin de causar lástima.

Con los años cada vez lloro menos y se debe a varios motivos. El primero y sin duda, es que mi corazón se ha puesto más duro por las desilusiones de todo tipo, llámese sentimentales o laborales, entonces lo que ya no sale como quiero, lo tomo con completa normalidad, claro me da lata pero no le doy mucha vuelta. La segunda razón es porque si lloro se me hinchan de forma desmedida los ojos, de hecho parezco mina maltratada o de esos boxeadores que les sacaron la cresta. Como me carga que me pase, porque se nota al toque que lloré, prefiero que de mis ojitos no caiga agua.

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Hay llantos que tenemos las minas y que los hombres no entienden y es precisamente cuando vemos una película romántica. Ellos se ríen, dicen que somos ridículas, exageradas y que na’ que ver hacerlo con historias “cebolla” de ficción.

Precisamente acá es donde comienza mi historia… Hace poco, en una fiesta, conocí a un tipo que con gran desplante se fue a presentar solo. Me pareció original su acercamiento y le di el chance de que conversáramos. La verdad es que fue muy simpático y no me di cuenta que hablamos más de una hora. Físicamente y siendo honesta no me mató, pero tampoco lo encontré tan feo, pero si me quedé en la charla, fue porque el hombrecito fue amoroso, sin poses y tenía una gran capacidad de escuchar… cosa poco habitual. Después de que vi todo el tiempo qué pasó, le dije que me tenía que ir. El inmediatamente propuso tomarnos un café en la semana para seguir hablando de la vida. Lo dudé, pero le dije que sí, porque hoy no descarto una amistad, a diferencia de lo que me pasaba antes que si el galán no pintaba para algo más, le cerraba de inmediato la puerta. Así que le di mi número.

Me llamó al día siguiente y me invitó un café. Nos juntamos y compartimos un rato agradable, pues teníamos ciertos puntos en común, una visión algo budista de las cosas y gran sentido del humor… No obstante, y como soy fregada no terminaba de convencerme físicamente, lo que me conflictuaba, ya que así no me sentía al ciento por ciento atraída.

Ante la duda, ¡dije ok! Si me llama de nuevo, sería la tercera vez que salgo con él, por lo tanto, aquí se determina si da para algo más que amistad. En todo caso el ya se había mostrado bastante interesado, hasta el punto de ser más cariñoso de lo típico. Esto no quiere decir que entre nosotros haya pasado algo.

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La cita número tres se dio y fuimos al cine a ver: “Más allá de la montaña”, yo la elegí porque amo las películas que tiene suspenso y amor. Además, actúa la Kate Winslet que me encanta.

No sé qué me pasaba ese día, pero desde que me pasó a buscar, le tuve poca tolerancia con su exceso de amabilidad y deseo de conquista, aunque trate de disimularlo. Lo que si me daba lata es que si se daba cuenta de que yo no le respondía su onda “cariñosita” y a pesar de esto él debía pegarse la cachá y no ponerse pegote.

Nos sentamos y me tomó la mano, yo le hice creer que se la pasaba, pero después con la excusa de apagar el celular se la quité. Luego se acurrucó a mi lado y tuvo la mala idea de poner su cabeza en mi hombro. Les juro empecé un poco a odiarlo… También me corrí y con un movimiento no le quedó otra que salirse.

Empezó la película y sentía su mirada, yo para mis adentros decía ‘pucha el guevón ladilla… Qué ondaaaaa! Me tiene enferma y a punto de pegarle un combo”. Decidí no ponerle ninguna atención y solo centrarme en la historia de esta pareja que sobrevive luego de la caída de su avioneta. Era heavy lo que les pasaba y te llevaba a emociones bien extremas, por lo que yo a los 40 minutos figuraba llorando, eso sí que muy piola, porque como este mino es tan detallista, era capaz de pasarme algún pañuelo. Igual se dio cuenta y me preguntó si estaba bien y por qué lloraba, “por lo que está pasando” le dije, sin darle mucha bola, pero él como pensó que yo estaba a punto del suicidio me empezó a sobajear el brazo, como en señal de “tranquila nada te pasara al lado de papi” Ufffff!

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Me tenía irritadísima. Pasó un rato largo y yo me sentía con más ganas de llorar, pero me las tragué aunque cachaba la película tocó en mí alguna tecla. Empezó otra escena power y de nuevo la llorona se apoderó de mí, lo que invitaba a mi compañerito a querer acudir a mí con su espíritu protector… Juro y les rejuro que con tanta consulta como: ¿por qué lloras tanto? ¿Te acordaste de algo? Te recuerda a algún ex y quieres que te traiga un vaso de agua, yo quería darle una patada en sus coquitos y mandarme a cambiar… Pero soy educada y seguí disimulando, aunque poniéndole cara de “deja de preguntar wevás y déjame en paz” . Puede que alguna que está leyendo piense que soy una pelotuda por no agradecer tanta gentileza, pero… ¿Acaso no es maravilloso ver una película tranqui y poder llorar sin que nadie moleste?

Igual me sentía mal porque no me daba para corresponder su interés… ya casi al final los actores se mandan una escena maravillosa y de puro amor, lo que me hizo estallar en llanto. A esas alturas lo mío era medio ridículo, pero que le iba a hacer, si por más que quería contenerme no podía… en ese momento me inundó una pena atroz, ni sé el motivo, pero el pecho y la garganta la tenía apretada.

“Cariñosito” con decisión me abrazó y me dijo “llora todo lo que tengas que llorar, aquí estoy yo. Desahógate, no te limites, deja salir la tristeza” … No sé quién hacía más el loco, si yo con mi llanto de “criada explotada de teleserie” o el con su sicología al peo que quería deslumbrar como el macho alfa protector-fuerte-sensible.

Éramos dos patéticos, yo sintiendo odio y él amor absoluto. Yo queriéndome ir a la casa y él queriendo llevarme a comer y a tomar algo para pasar la pena. Me mantuve firme en pedirle que me fuera a dejar a mi casa, porque no lo aguantaba ni un segundo más, ya que el interrogatorio acerca de mi llanto era incisivo y sus ganas de contención ya a esas alturas insufribles.

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Le costó asumir que la noche terminaba ahí y no le quedó otra que irme a dejar. Ya abajo de mi depa me dijo que quería subir a dejarme, obviamente le dije que NO, que estaba muy bien. Me dio un abrazo apretado, igual como se despiden los amantes que no saben cuándo podrán verse de nuevo y logré escaparme.

Me acosté y empecé a sentirme como una loca desubicada que lloraba sin razón y delante de un gallo que ni conocía. Pero me consolé diciendo “este toque de mina que se escapó del manicomio, lo va a alejar y nunca más sabré de “cariñosito” que es verdaderamente insoportable.

Con esa convicción me dormí raja y a la mañana siguiente tenía 12 mensajes en whatsapps con mensajes como estos: “cómo amaneciste preciosa”; “te quiero pasar a buscar para que nos tomemos un helado para sacar la amargura de ayer”; “holaaaaaa!!! ¿Estás ahí?”; “corazón me encantó poder ver tu lado frágil”; “tranqui yo repararé ese corazoncito roto”.

No lo podía creer… hasta me dio miedo, él rayaba en lo psysho. No lo pensé dos veces y lo bloqueé… han pasado dos días y no sé por qué creo que un día de estos me va estar esperando en la calle afuera de mi casa… espero que no.

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