25 de 07 de 2017

#RELATOSDEUNASOLTERA: LAS PLANCHAS QUE PASO CON MI MASCOTA

mascotas

He comentado abiertamente mi amor con locura por los animales, de hecho los hice partícipe de la gran pena que sentí cuando mi gato Gigo murió y luego la alegría que trajo mi preciosa Nora, que dicho sea de paso, no hace otra cosa que mejorar cada día mi ánimo.

Cada mañana con ella es un chiste, aunque no tanto cuando le da por despertarse entre las 5:30 o 6:00 de la mañana con ganas de que juguemos… Me dan ganas de matarla y a pesar de que le explico que a esa hora los humanos dormimos y que seres como yo no valen un peso, a ella le importa un reverendo carajo. De hecho me deja hablando sola para ir a buscar su famoso ratón rojo de terciopelo que es su adoración… entonces lo agarra de la cola y me lo deja en la cabeza, a veces en el ojo y otras en la boca, con el fin de que yo no tenga otra opción que tirárselo lejos, así ella lo va a buscar.

Creo que dentro de esa apariencia de gato hay un perro, porque no sólo le gusta ir a buscar monos y traer guevás que se encuentra, sino también esconde objetos que son muy importantes para mí, por lo tanto, me paso horas buscando aros, pulseras, colets, incluso billetes que saca de mi cartera… Lo peor que me hizo fue una vez que escondió uno de mis grandes “tesoros”, un corcho que dice “Amanda te quiero” y que me lo escribió “el internacional” un día que fuimos a comer…

Ese objeto para muchos podría no valer nada, pero para mí era el único testimonio de que el internacional existe y de que siente o sentía algo por mí. Y digo “sentía” porque desde esa ocasión no lo veo, ya que su vida acontecida y las pocas ganas de verme (porque a la gente le pasan cosas y se enferma pero si quiere ver a alguien se mueve) hace que esto cada vez valga menos… Como sea, la cosa es que el corcho lo tenía guardado dentro de mi velador y cada vez que podía verlo, me acordaba de esa noche formidable. Para mi horror un día abrí el cajón y nadaaaaaaa, ni les explico la taquicardia que me dio… como mierda no estaba mi corcho.

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Lo empecé a buscar por todos lados y no aparecía. Di vuelta cajones pensando que sonámbula pude haberlo cambiado de lugar, también lo busqué en la basura, bajo la cama, en mis carteras y en cuanto rincón qué hay en mi departamento. Sin embargo, ni rastro de él. De hecho un día mi hermana me vio tan obsesa que me dijo, no lo busques más, parecí loca; igual me perturbé un poco. No obstante fue tan frenética la búsqueda que aproveché de limpiar lugares por los que nunca había pasado un trapo.

Con mi alma de Drama Queen abandoné la misión y le hice caso a mi hermana. Pero como así funciona la Ley de Murphy apareció al día siguiente cuando fui a sacar la funda del cojín del puf para lavar… moviendo eso vuela MI corcho y por supuesto la Nora mirando como con cara de yo no fui… Quién más iba a ser pues si a mi depa no entra nadie a mover cosas. Ahí caché que era su escondite de papeles, trozos de lana, pellet, algodón y sus juguetes más chicos… no me pregunten como los mete porque de verdad es un misterio.

Como les contaba su mono preferido es el ratón rojo de terciopelo y con ese me “aguó” la noche del lunes pasado, cuando en medio de un momento romántico con el gringo, llegó con el ratón para que se lo lance. No la pescamos por eso tomó impulso y se encaramó en la espalda del mino y metió entre nuestras caras el bicho ese. Pa `que se fuera se lo tiramos lejos y vueeeeelta no se demoró ni 5 segundo y el gringo tenía en la cabeza a la Nora pasándole el ratón. Menos mal mi socio es un buena onda y se mató de la risa. Así que pasó de ser una noche de pasión a una de media pasión y mucha ternura.

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Gigo mi gato anterior era full celoso y le cargaba que alguien durmiera en mi cama. También una vez como se percató que “su lugar” estaba ocupado fue donde mi enamorado estaba cargando el celular y le comió el cable, después se puso a dormir al medio y como lo reté, tomó vuelo y le atacó la oreja a mi “compañerito”, le enterró el colmillo y le perforó la parte de arriba que empezó a sangrar ene. Así que no quedó otra que ir a la clínica y yo pagar “el condoro” de mi gato.

Entre esa misma movida, el Beto, mi amigo gay llegó a verme a la pega enfurecido, porque su perro le había hecho pebre la noche con un tipo que había perseguido por meses y justo ahora le había resultado. Lo invitó a comer a su casa y cuando llegó la segunda parte de comerse el postre en la pieza, dejó a su perro regalón afuera. El molestó, comenzó a rasguñar la puerta para que lo dejaran entrar, después se puso a aullar y debido al escándalo salió y lo fue a dejar a la terraza, producto de eso, ladró, ladró y ladró hasta que el conserje llamó para decir que los vecinos estaban reclamando, porque eran las tres de la mañana. El mino le dijo que se iba porque así no le gustaba y que ya se había enfriado todo. Además le cargaban los perros.

No hace mucho también la Kitty me contó que el perro gigante que tiene, mientras ella se daba una ducha erótica con el toy boy apareció con sus 45 kilos a cuestas y saltó a la tina pensando que era el juego más entretenido. Quedó la cagá … el perro corría mojado por el departamento, mojaba todo lo que tocaba y dejó todo fétido.

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Como ven, esto de tener mascotas muyyyyyy regalonas tiene su precio, aunque si miras para atrás te matas de la risa. Tengan buena semana amigas y me cuentan si han pasado alguna vergüenza con su mascota.

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