17 de 07 de 2017

Cómo aprendí de mis errores y dejé de preocuparme tanto

laculpa

¿Quién no conoce la culpa? Hoy analizaremos por qué muchas veces terminamos haciendo la vida más difícil de lo que necesita ser. ¡Descubre aquí la respuesta!

La culpa funciona así: Al recordar algo que hicimos en el pasado y que pensamos que estuvo mal haber hecho, se produce una sensación de malestar. La emoción generada es una de las más dolorosas que existe. Les pongo el siguiente ejemplo: “Me gustaría haberle dicho más seguido a mi madre cuanto la quería”. Para mucha gente, este pensamiento produce una profunda sensación de tristeza y que se siente en el cuerpo de forma desagradable.

Ahora, ¿de qué sirve? Probablemente la culpa es un mecanismo de adaptación que nos permite aprender de los errores que hemos cometido, y en particular, de los que tienen que ver con herir a otras personas. Es una forma de enseñarnos a nosotros mismos, a través de un castigo emocional, a no volver a hacer eso que no nos parece bien en retrospectiva.

Hasta ahí todo bien, es útil. Sin embargo, la mayor parte de las veces se nos pasa la mano con ella. No sólo nos sentimos mal por haber hecho algo doloroso a otro, sino que comenzamos a recordar vez tras vez eso que hicimos y volvemos vez tras vez a sentirnos mal. ¿Para qué? Algunos lo hacemos para asegurarnos de no cometer la mala acción de nuevo. Producimos un dolor constante para evitar repetir la situación a toda costa.

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Pero eso es innecesario, pues lo más sano es aprender de lo que hiciste. Si la sensación de culpa aparece, entonces observa por qué aparece, y si te sirve para aprender a reaccionar de una forma más amorosa en el futuro, entonces aprende la lección ¡y listo! Todo lo demás es una locura masoquista. ¡Nadie le da un castigo a alguien para siempre!

Por tanto, para todos los culposos que están leyendo esta columna, los invito a practicar dos cosas, que van a hacerlos sentir mejor:
1) No le hagas a otros lo que no te harías a ti misma/o.
2) Si le haces a otro algo que no te harías a ti mismo/a, y te das cuenta posteriormente – gracias a la culpa – entonces aprende tu lección. Deja ir la culpa y confía en que has aprendido.

¡No le generes dolor innecesario a otro ser querido: tú mismo/a!

Martín López Valdés
Psicólogo clínico
www.martinlopezvaldes.com

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