14 de 01 de 2016

RELACIÓN: CUANDO COMER LO DICE TODO

mejor

Esto es corto pero revelador. Hace ya varios años fui con mi ex polola a un restorán en Santiago. No recuerdo el lugar ni el motivo pero lo que ocurrió esa noche, aun pudiendo haber pasado completamente desapercibido, quedó en mi retina hasta el día de hoy.

Entramos, caminamos hasta la mesa, nos sentamos y pedimos algo para tomar. Yo estaba aburrido. Tal vez ella ya no me gustaba, quizás yo no le gustaba a ella, o qué sé yo.

Entonces puse atención en lo que estaba afuera de nuestra relación: las otras personas en el lugar.

Llevábamos cinco minutos y vi a una pareja de avanzada edad que ya estaba comiendo el plato de fondo. Yo estimé que llevaban al menos cuarenta minutos en el restorán. (Llegar, pedir bebidas, conversar, esperar el plato y empezar a comerlo) Sí, al menos cuarenta minutos, y ellos se miraban a los ojos y conversaban realmente entusiasmados. Aparentaban más de setenta y cinco años.

Los miré algunos minutos y volví a mi polola.

-Está lindo el restorán.

-Sí, está lindo.

-Hace un poco de calor.

-Sí, hace un poco de calor.

Qué aburrido, pensé, y volví a la pareja que había captado mi atención en un comienzo. Nunca había visto a dos personas reírse tanto y mirarse a los ojos de la manera en que ellos lo hacían. Parecía que el desgaste de una relación de toda la vida no había sido capaz de superarlos.

-Pasó media hora y nos llegó la comida. Treinta minutos para nosotros, una hora y diez minutos para los viejitos.

Comimos, conversamos un poco, y pedimos un postre.

De pronto, entro una pareja de aproximadamente cuarenta años. Él de traje y corbata y ella muy atractiva.

Entraron, se sentaron, pidieron la comida y ambos se conectaron a sus celulares. Los abuelos seguían mirándose a los ojos y acariciándose las manos.

Éramos tres parejas. Una de adolescentes, otra de adultos jóvenes, y la última de la tercera edad. La primera estaba aburrida, la segunda desconectada, y la tercera enamorada.

La pareja de adultos miraron sus celulares durante toda la comida. Fueron los últimos en llegar y los primeros en irse.

Mi polola y yo conversamos aburridos. Fuimos los segundos en llegar y los segundos en irnos.

Los abuelos se amaron toda la comida. Fueron los primeros en llegar y los últimos en irse.

-Qué envidia. –Pensé. –Quiero ser la pareja de abuelitos.

 

1 comentarios

Jennifer

15 de junio de 2016

Que crudo y real. La mayor parte del tiempo dicen que las "películas gringas" nos envenenan con su amor eterno y sus finales felices, pero no hay nada ficticio que no tenga un dejo de verdad (considero yo). Lo bueno es que da la esperanza de que algunos pocos aun consideramos ese "amor incondicional" del que hablabas en otra historia, de aquel que permanece... como leí un día: "Las relaciones son algo pasajero, pero el amor genuino, sin ataduras "físicas", es algo que pocos encuentran"

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