12 de 01 de 2016

Desvísteme lento que tengo prisa

ropa

Había terminado haciéndolo con la luz apagada o se había sacado la ropa apurado porque había poco tiempo y ella podía arrepentirse de haber llegado tan lejos.

Pablo desconocía eso de mirarse al desnudo y de reconocer al otro. Eso de tocarse con calma y saborearse por centímetros. Mucho menos sentir su mirada cariñosa mientras la yema de sus dedos largos dibujaban en su piel.

“Desvísteme lento que tengo prisa. Desvísteme lento que quiero capturar el momento para no olvidarme nunca más”, le dijo Carola esa noche tibia de verano, cuando el calor abriga pero no sofoca y permite que la calentura haga lo suyo sin extremo sudar.

Él quedó paralizado. ¿Qué se hacía ahora?, ¿se mirarían por horas?, ¿verá que su vientre está abultado por el exceso de cerveza o que sus piernas están bronceadas sólo de la rodilla a los pies? Él también tenía vergüenza, igual que las mujeres que le apagaron la luz tantas veces o que vio sólo de la cintura para abajo pues nunca se sacaron la polera.

pareja

Pero Pablo estaba encantado. Asustado pero encantado. Ella sabía detener el tiempo y apurarlo. Como un zigzag de deseo intenso que no se logra apagar con sólo penetrar. Sino que quieres alargar y piensas qué bien sería postergar al máximo la embestida.

Esa noche Pablo le contó 367 pecas a Carola. Vio que tenía la piel canela y unas abultadas caderas. Sus pechos eran lo suficientemente grandes y pequeños para atraparlos con las manos y no dejarlos escapar. Incluso descubrió que tenía margaritas en las nalgas cuando se movía y vellos claritos en sus muslos que brillaban con la tenue luz de la habitación. Adoró cómo sus rulos caían sobre sus hombros y cómo se ruborizaba cuando él le besaba el vientre mirándola a los ojos.

Nunca el calor había durado tanto tiempo. Nunca se había ido a dormir pensando en cada detalle que había visto en ella. Y recordando Arjona (y riéndose de ello a la vez), entendió que quizás ahora podría enamorarse, pues había desvestido lento y se había tomado el tiempo de sentir.

Esa fue la primera vez que llamó después de un encuentro.

Desvístete lento. Una invitación a vivir la verdadera sensualidad.

Karen Uribarri – SexBlogger SexoSentido.cl

@karenuribarri

3 comentarios

isabel

14 de enero de 2016

Excelente ...no las he he contado pero lamentablemente han sido pocas veces en que nos desnudamos lento. ..pero lo bueno es que aún me pongo colorada cuando lo recuerdo. ..

felipe

14 de enero de 2016

Excelente el blog y ese momento previo a la penetracion, ese momento mas excitante antes de sentir al otro y ser uno es exquisito.... besar cada parte de su cuerpo con delicadeza y placer.... cuando la persona es especial se difruta cada momento previo, durante y post penetracion....

Pazyta Silva

13 de enero de 2016

Excelente columna! Me encanta que se entienda que hacer el amor no es solo desnudar nuestros cuerpos sino también nuestras almas... (Nunca comento estas cosas, pero esta ocasión lo amerita)

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