29 de 07 de 2015

¿Es lujuria o amor?

pareja

Una mujer sexual es fuerte y está segura de sí misma. Y la puedes reconocer caminando en la calle, en tu oficina, incluso puede ser tu amiga o tu misma. Porque no tiene que ver con su cuerpo, con sus formas, sino que con cómo se mueve, cómo gesticula, cómo habla, cómo se menea y hasta cómo come.

Es que la mujer sexual conoce la lujuria. La ha sentido. La ha respirado de cerca cuando él se acerca mucho y su corazón late fuerte y se entrecorta su respiración. O cuando lo ves salir del agua, empapado, agitado y captura tu atención. Te agazapas como gato y disparas tu vista hacia él. Estás alerta, atenta a sus movimientos y recorres con tus ojos cada detalle de su piel. Es lujuria. Lo sabes y lo respiras, o tratas de respirar entre ese ahogo que no sabes manejar.

¿Se controla la lujuria? Muchas veces hay que intentarlo, pero la verdad es que hay varias en las que nos dejamos llevar por ella.

Es que estamos predeterminados para el placer. Aunque la respuesta cerebral entre hombres y mujeres es distinto. En ellos pareciera ser más fuerte. Mientras más placentera sea la imagen, más dopamina dispara el cerebro. Y luego el cerebro decide y administra esa oportunidad y decide si controla el impulso o se arroja a ella.

Hace un tiempo un estudio norteamericano demostró incluso que los hombres disminuyen un tercio la velocidad de su auto, si es que se cruzan en la calle con una mujer guapa que los atraiga. La dopamina hizo lo suyo y los obligó a frenar.

En cambio, en las mujeres, la historia evolutiva demuestra que hemos tenido que ser más prudentes en el manejo de la lujuria, porque el sexo es, en sus inicios, concebido sólo para la reproducción. De allí que buscamos el mejor hombre y no a cualquier hombre.

Y es tan magnífica esta historia evolutiva, que se sabe que el hombre busca siempre la mujer más sonriente, más amable, más dispuesta. Y la mujer muestra esas plumas cuando se topa con quien calza como su proyecto de mejor macho para la descendencia. Por ende, cuando somos amables frente a un hombre que nos gusta pareciera ser un acto no tan desinteresado, sino que le estamos mostrando lo buena que somos como posibles pareja y madres.

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En ese coqueteo y apoderamiento de la lujuria, inconsciente o conscientemente, la naturaleza nos ha dado las herramientas para potenciar nuestro atractivo frente al sexo opuesto. Así, por ejemplo, los hombres se vuelven más osados y se ha descubierto que hasta gastan más dineros agasajando. Y las mujeres se vuelven más altruistas. Y aunque creamos que todas estas acciones no tienen relación con la lujuria, lo cierto es que están absolutamente ligadas a este impulso biológico.

Pero, ¿podría haber mujeres más lujuriosas que otras? Claro. El Dr. Dean Hamer, genetista muy famoso, ha hallado algunos genes que podrían aseverar esto. Las personas que tienen un alto interés en el sexo arriesgado, parecieran tener una mutación en el gen relacionado con la dopamina. Este gen regula cuántas ganas tienes de tener una relación novedosa o diferente.

Otra mutación de un gen relacionado con la serotonina y que provoca la ansiedad, también arrojaría resultados con el aumento o mayor deseo, con el mayor apetito sexual. Por ende, el tema de la lujuria pareciera ser culpa de nuestro ADN (aunque no lo pongas como excusa cuando hagas ‘maldades’).

Pero si ya encontraste esa persona que eleva a niveles inimaginables tu lujuria… ¿Se podrá mantener ese deseo en una relación formal de pareja?

 La lujuria dirige nuestras decisiones consientes de modo inconsciente. Por ende, quizás gran parte del primer tiempo se produce una lucha entre el sentimiento del amor y el de lujuria, no sabiendo bien cómo compenetrarse.

Helen Fisher, profesora de investigación de la Rutgers University de New Jersey y antropóloga, afirma que el cerebro humano y el cuerpo identifican de diferentes formas los comportamientos de lujuria, atracción, apego y enamoramiento.

Tras un intenso estudio se concluyó  por un lado que la lujuria es producto de la testosterona, que es la causante del impulso inicial que nos hace buscar pareja. Que la atracción se le atribuye en parte a los bajos niveles de serotonina y a la dopamina, neurotransmisores cerebrales que se relacionan con la sensación de bienestar, de seguridad, comodidad y paz. Y que la unión o el apego es el sentimiento más duradero, mucho más que la lujuria o el enamoramiento, aunque este también responde a reacciones químicas del cerebro y es como una adicción a una droga. ”El amor romántico puede ser adictivo; es una adicción muy bonita cuando las cosas marchan bien, y horrible cuando van mal”, expresó Fisher.

Entonces, eso que vives hoy, ¿es amor o lujuria?

@karenuribarri

 

1 comentarios

scheherezade

15 de agosto de 2015

Que complicado el tema de la dopamina ya que todas las secreciones cerebrales son liquidos igual que el alcohol asi se puede crear adiccion

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