22 de 06 de 2015

Sello K: Ateo por convicción, cristiano por elección

1

Tal vez como muchos y muchas de ustedes, yo crecí en un entorno religioso. En este caso el del catolicismo. Viernes de misa, tatararear canciones (no porque son buenas, sino porque son pegajosas) y saberse de memoria la oración del mes de María, no porque nos gustara sino porque lo veníamos oyendo antes de aprender hablar.

Universidad Opus Dei, incluyendo clases obligatorias relativas al tema y, por cierto, un sacerdote disponible siempre para poder confesarse. No voy a renegar, muy por el contrario, sentirme católico y creyente me daba cierto placer. Un placer que me llevó a investigar aún más a mi iglesia y a mi Dios, a leer más allá de la Biblia y a leer más de la historia.

Fue ese amor e interés que me llevó a la debacle de mis creencias. Para bien o para mal, respetable o no, mis estudios me empezaron a confirmar cosas de la iglesia que uno sabía pero que no quería asumir. Como que la Biblia es considerada historia, hechos verídicos (incluído Adán, Eva, la serpiente y la manzana) que deben ser asumidos como tal.

O que en cada Concilio Vaticano a través de los siglos, modificaba la Biblia en ciertos aspectos que resultaban sospechosamente ventajosos para el clérigo y la familia eclesiástica. Fue como cuando se termina una teleserie de la cual te enamoraste: cuando se acabó la Madrastra o Machos se sentía un vacío bien grande. Bueno, mis convicciones cayeron a pedazos.

Fue un desamor bien grande, cierto, distinto al de pareja, pero todos los ámbitos del amor finalmente se unen. ¿Qué finalidad tenía actuar correctamente cuando en quién y qué creía no era lo que pensaba? La respuesta era una: era ateo por convicción, pero cristiano por elección.

Todos los actos de amor o de genuino desinterés cobraban aún más fuerza porque no los hacía por lograr la vida eterna o por la buena onda de Dios, sino que sólo por le hecho de ser humano, era de sentido común ayudar a otros(as), a tener compasión y, mi personal descubrimiento de la Iglesia y sus argumentos que no convencían a los míos, me tornaba un aún mejor cristiano.

¿Qué cresta tiene que ver el amor religioso con el amor a la pareja?, bueno, la verdad es que lo que me sucedió con la iglesia me ayudó en mis relaciones de pareja. Durante las relaciones el amor cambia, el amor muta, porque los seres humanos cambiamos, las personas también mutan.

Y eso no quiere decir que el amor se acabe o esté condicionado a cómo era la persona originalmente, sino que el amar a tu pareja, aún cuando cambie para bien o para mal, tiene que ser superior a las decepciones o a los orgullos. El amor de pareja tiene que ser basado en el más común de los sentidos: el común.

El amor que sientes por tu pareja es un amor a su núcleo, a lo que significó en un comienzo, no a los vaivenes de las emociones. De seguro, que al final del camino y cuando puedas mirar atrás de tu hombro y enorgullecerte de la larga y linda historia juntos, mirarás para el lado y verás a tu hombre o a tu mujer tal como cuando la o lo conociste.

@BrankoKarlezi

1 comentarios

Amelie BM

23 de junio de 2015

Empezaste a hablar de religión y terminaste hablando del amor, no entendí la conclusión del tema.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>

Lo último