11 de 12 de 2014

Serena Abroad: No hay lugar como el hogar

santiago_chile

Dos años pasaron para que volviera a casa, el viaje ha terminado (al menos por un par de meses), estoy de vuelta en Chile.

Traigo la mochila llena de recuerdos, aprendizaje y una mentalidad que no encaja en ni una parte ¡No soy de aquí ni de allá! Pero soy feliz. Además tengo un príncipe esperando por mí, quién se auto-invitó a mi casa para fin de año ¿Qué más podría pedir? Mi familia, amigos y príncipe… ¡Wait a minute!!!

Familia + príncipe sentados en la misma mesa, la pesadilla de cualquiera. Recién conozco a un tipo más bien decentito, al que además tengo convencido de que provengo poco menos que de la realeza chilensis.

Una casta casi extinta que sobrevivió la invasión española por más de doscientos años y donde hoy, las mujeres son las encargadas de traspasar las tradiciones a sus hijas. –Sí, en mi fantasía pertenezco a una etnia originaria. Es que viviendo en Escandinavia me daba un plus ser morena y exótica.

Que no se malentienda, no es que me avergüence de mi familia. Lo que soy se lo debo a esta casa, a esta tierra y sus culturas, nunca haría nada para cambiarlo; pero si ustedes despertaran estrepitosamente un domingo en la mañana porque tu papá quiso escuchar su compilado de los 70`s, me entenderían.

O la baja tolerancia al trago de mi mamá, que la dejan en la segunda copa con los labios morados, hablando de quién sabe qué cabeza de pescado. Por decirlo menos embarazoso. Sin contar a la tía/prima infaltable en cada evento que terminará toqueteando a príncipe porque le parece tan “rubiecito” o tan lindo o tan “flaquito”…

tragos

Cualquier pretexto para chequear al pobre tipo de pies a cabeza. O el tío que algo más de inglés entiende y empieza a inventar palabras terminadas en “eishon”, “ation” o cuanta atrocidad se le ocurre sin decir nada. A la primera pronunciación extraña todos los comensales deciden mandar el protocolo a la chuña y la comida se transforma en carcajadas, chistes en doble sentido, tallas internas y algo de bullying hacia el invitado.

Es que ya puedo ver la cara de asombro y espanto de príncipe como diciendo ¿Dónde me vine a meter? Hasta aquí no más llegó la historia de la dinastía indígena. Será que estoy exagerando, tal vez príncipe también tenga estos problemas en su castillo.

Puede ser que su mamá fue en su minuto una princesa del pueblo, por ende su familia no siempre tuvo estirpe. Trato de relajarme mientras hablo con él por skype, mis miedos están casi por desaparecer, cuando el llamado del almuerzo se hace presente ¿Cuál es la manía de este país por gritar? ¡A commmeeerrrr!

Ni que estuviéramos en el ejército. Trato de hacerme la desentendida y responder con un melódico “mmm ¡Ya voy!”, a lo que tu mamá obviamente no escucha por lo que irrumpe en medio de la llamada cantando su canción preferida de Camilo Sesto.

disco

Tú te hundes en el precipicio de la vergüenza pero ahí está, la luz al final del túnel; príncipe ríe a carcajadas y hace un broma sutil de lo bien que canta tu mamá.

Uff! Miro la escena y es cierto: esa es mi mamá, está loca pero es una loca linda y si bien mi familia no es de la realeza, es mía y por ende me hacen la persona más feliz del universo.

Estoy de vuelta en Chile y lo agradezco. Ésta es mi cultura, mi tierra y no hay lugar en el mundo donde me sienta más a gusto.

Tal vez tenga que irme pronto pero al menos sé que ahí,  entre el océano y la cordillera, al culo del mundo, siempre hay gente que me espera.

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@Serena_libre

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