01 de 10 de 2014

Check In: Gran Cañón

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Antes de todo, quiero aclarar que no fui exclusivamente al Gran Cañón, hice un viaje demasiado increíble, quizás uno de los mejores de mi vida a Las Vegas pero que, dado a su nivel de felicidad y diversidad de los panoramas, tengo que dividirlo en distintas partes.

Si bien siempre he tratado de viajar en con presupuestos muy reducidos (para así poder viajar más), cuando decidimos ir a Las Vegas dijimos que no íbamos a privarnos de nada. Así nos encontramos un tour 4×4 al Gran Cañón, que incluía avión, helicóptero, paseo en bote por el río y en bus por la superficie, y no pudimos resistirnos.


Nos pasaron a buscar a nuestro maravilloso hotel muy temprano en la mañana y nos llevaron hasta un aeródromo que quedaba como a 40 minutos de la calle principal de Las Vegas. El avión en el que nos iban a llevar hasta el Gran Cañón era tan chico que nos tenían que pesar a todos antes de subirnos! Ahí pagué todas mis culpas de comidas despreocupadas, pero no importa.

Éramos 19 personas (incluyendo al capitán y asistente) y yo moría de susto de pensar en que esa cosa enana volara. Pero lo logró. Sobrevolamos el Hoover Dam que es una represa que hicieron hace muchísimos años para producir energía hidroeléctrica con el río Colorado.

El vuelo en total fue como de media hora hasta que llegamos al borde oeste del Gran Cañón. La vista era increíble, hacía demasiado calor y el viento casi nos botaba. No alcanzamos ni a sentarnos cuando nos llevaron caminando hacia otro lugar en el que nos esperaba nuestro helicóptero… SÍ! POR FIN ANDUVE EN HELICÓPTERO! Lo había soñado hace mucho, incluso anotado en mi bucket list y debo decir, orgullosamente, que por fin lo logré.

En el helicóptero nos llevaron hasta el río, donde paseamos en bote, y en donde realmente se aprecia la enormidad del Gran Cañón. No sé a cuántos metros de profundidad está el río, pero la sensación de ver esas paredes enormes rodeándote es increíble. Parecida fue la sensación a la vuelta, ya que después del bote nos llevaron en helicóptero nuevamente a la “superficie”.

Ahí pudimos recorrer distintos lugares, uno de ellos el sky view, que es un balcón con suelo transparente que se llena de turistas (igualitos a nosotros) y la verdad no vale tanto la pena. Es mejor sentarse en la orillita, con mucho cuidado de no caerse, y apreciar la enormidad del lugar y sentirse muy chiquitito en el mundo.

Después de almorzar allá y pasar muchas horas sacándonos fotos y disfrutando de la vista volvimos en “nuestro” avioncito en Las Vegas. Quizás suene a un tour más como cualquier otro, pero quise hacerlo separado porque al menos para mí, la experiencia fue increíble.

Nunca me había subido a una avioneta, ni a un helicóptero ni menos estado en el Gran Cañón y, pese a que no era barato, recomiendo mil veces hacerlo porque es un viaje y una aventura que no olvidarán jamás!

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