25 de 09 de 2014

Serena Abroad: Mi primer Topless

topless

¡Lo hice! Con todo el pudor que ustedes puedan imaginar. En una de las maravillosas islas de Grecia; desaté el pequeño broche de mi bikini y me entregué a que el sol abrazara mi pecho. Como cualquiera que ha sido criado para no mostrar de más, sentí vergüenza, pero al mismo tiempo me sentí libre y rebelde. Tenía la necesidad de saber qué se siente estar casi desnuda en medio de la gente.

Hace un rato descubrí que en Europa el topless era algo permitido. En medio de las playas como las nuestras, una que otra mujer de distintas edades tomaba sol sin la parte de arriba de su traje de baño.. En Dinamarca, sin importar la edad o el sexo, había algunos que se iban a una orilla de la playa para estar completamente desnudos.

Nunca vi a nadie espantado, niños traumados o gente comentando el hecho. Para ellos era algo normal y completamente aceptado, incluso para las musulmanas que frecuentaban la playa ¿Por qué entonces me resultaba algo tan tabú?

Cuando niña mi mamá me decía esas cosas que se dicen en Chile: “Tu cuerpo es sagrado, debes protegerlo” o en la playa me tapaba con una toalla enorme para cambiarme ropa, incrementando el espectáculo. Tampoco había que decir mucho, bastaba una brisita marina para apreciar las caras de espanto, curiosidad y otras, sobretodo de hombres, que prefieres no saber lo que están pensando. En Dinamarca se dice que la desnudez nos hace a todos iguales, al fin y al cabo, hombres y mujeres, tenemos lo mismo.

A menos que usted tenga tres pechugas o algo muy anormal. Es tanta su aceptación al cuerpo que durante el invierno se usa ir a nadar a los lagos congelados ¡Una más de las locuras de los daneses! Es ahí donde todos entran desnudos al agua, lo que se traduce a que ese día te das el lujo de ver en pelotas a tu jefe y tus compañeros de trabajo. No sólo desnudos, imagínate lo que le pasa al cuerpo con el agua congelada…

Así fue como me decidí, en una playa griega atestada de gente de todas partes del mundo. Tomé todas estas lecciones de mi nueva mentalidad europea, respiré hondo y así sin más me saqué el top del bikini. Rápidamente me puse los lentes de sol ¡Puedo ser muy moderna pero la vergüenza no me la quitaba nadie!

Empecé a mirar alrededor buscando alguna mirada curiosa, nada. Ni siquiera un par de tipos con los que me había hecho ojitos hace un rato. Parecía que sin el top perdía la gracia. Quise ir más lejos y una vez que me dio calor me levanté para ir al agua ¿Han visto sus pechugas libres bajo el sol? Cuando uno está cerca de los 30 la gravedad hace lo suyo e imagínate después de un par de horas. Me apuré para llegar al agua helada, en una de esas el choque de frio me ayudaba un poco.

Efectivamente ayuda, e incluso el agua te hace cosquillitas mientras nadas pero al salir, nuevamente la gravedad… Tal vez la desnudez no es lo mío, después de todo es posible que no tenga un cuerpo hecho para tanta libertad. Analicé cómo se ven mis pechugas con el bikini y sin él hasta llegar a la conclusión ¡Vaya que ayuda el top! Pese a que estamos hablando de un trocito de tela que cubre lo justo y necesario, con él viene también mi confianza.

Hoy puedo decir que me atreví y estoy orgullosa de ello ¿Si lo volvería a hacer? Sí, lo haría mil veces, pero también me gusta jugar con mi cuerpo dejando algo a la imaginación ¡Aunque a veces sea bien poco! ¿Y ustedes se atreverían?

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@Serena_libre

 

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