12 de 08 de 2014

Check In: San Francisco

Me acuerdo que cuando tenía como 12 o 13 años fui a ver una película muy mala de Chris O’Donell (viejazo) en la que un montón de novias lo perseguían por las calles de San Francisco. No voy a ahondar en la trama porque no vale la pena, pero por muy mala que era la película me acuerdo que me encantó la ciudad y desde entonces supe que quería ir.

Después de caminar por Union Square, Chinatown (que de verdad parece como que si hubiese cambiado de continente), Little Italy y un montón de barrios y culturas distintas, llegamos hasta el Pier 29, lleno de restaurantes y tiendas, entre ellas una de bicicletas. Queríamos arrendar una doble, para hacer un paseo bien ridículo, pero no nos dejaron porque las piernas de mi pololo y las mías son uy cortas. Castigados por ser bajos y una bicicleta cada uno.

Arrendamos bicicletas y partimos nuestra travesía. Fueron 12km desde la tienda de bicicletas en Pier 29 hasta Sausalito. Cuando nos mostraron el mapa y nos dijeron las distancias no me impresionó ni un poco. Después de vivir en Bélgica e ir a todos lados en bici, 12 km no sonaba tanto. Pero el problema fue que ya no estaba en Bélgica donde no hay ningún cerro! Con vergüenza de mi estado físico varias veces me bajé de la bici porque las subidas eran muy empinadas, pero ya en la cima fue increíble. Después de cruzar los casi 3km del Golden Gate, seguimos avanzando hasta Sausalito, cuidad hermana de Viña del Mar. Lleno de casitas de colores, restaurantes y árboles. Recorrimos, almorzamos y esperamos al ferry para volver a San Francisco.

Las calles de San Francisco son increíbles. No tengo idea de planificación urbana o temas relacionados, pero me encantó que las calles sean eternas y, gracias a los cerros, se vean como ríos que cruzan la ciudad. Recorriendo distintos barrios fue que llegamos hasta Lombard Street, que es una calle en zigzag rodeada por jardines de flores y casas de colores. Llena de turistas sacándose fotos y de autos haciendo el recorrido. Entre la bici y las subidas no pude seguir paseando así es que nos subimos a un Cable Car, de los tranvías típicos de San Francisco y volvimos al hotel. Vale la pena como experiencia pero no lo usen para movilizarse ya que cuesta 6USD comparado con 1.50USD del bus normal.

El segundo día seguimos con nuestro recorrido y fuimos a una de las paradas obligadas de San Francisco: Alcatraz. Pese a que hay gente que cuestiona este tipo de actividades bien turísticas durante los viajes, yo creo que es parte de viajar. Es cierto que no me gusta andar rodeada de turistas (aunque yo sea una también) pero dejar de ir a un lugar histórico o importante sólo porque va a estar lleno de turistas es una tontera. En fin, vuelvo a Alcatraz. La isla es enorme y hay distintos tours para seguir. Nosotros elegimos uno sobre las historias de los que intentaron escapar de Alcatraz y después recorrimos la cárcel. No importa lo soleado del día, si alguna vez van tienen que llevar algo para abrigarse porque yo casi morí congelada con el viento pese al sol hermoso que había.

De vuelta de Alcatraz y congeladísima gracias al frío pasamos al Fisherman’s Warf a comer Clam Chowder. Todo el mundo nos había dicho que teníamos que probar esta sopa de almejas dentro de un pan, ya que era una de las comidas típicas de San Francisco. No sé si es mi favorita por el resto de mi vida, pero me ayudó a recuperarme del viento frío.

Como comer es parte importante de cada viaje, encontré un lugar llamado Mama’s, que decían que eran lo mejores brunch de San Francisco y que había que probarlos sí o sí. Ingenuamente fuimos el domingo en la mañana, como a las 9 o 9.30, y llegamos y tuvimos que hacer fila por 1.30 horas para entrar!!! En internet decían que la fila era larga y lenta, pero nunca pensé que fuera tanto. Puede que suene a una tontera, pero nos quedamos, esperamos hasta entrar y la verdad es que valía la pena. Yo pedí unos huevos benedictinos sobre crab cakes y Diego un sampler de tostadas francesas, de mantequilla de maní, arándanos, chocolate y tradicional, todo cubierto con frutillas y caramelo.

San Francisco es todo lo que esperaba, una ciudad colorida, con gente feliz y muchas cosas para hacer. Pese a sus subidas y bajadas se puede recorrer a pie y para algunos aventureros, también en bicicleta. Los que han tenido la suerte de ir saben de lo que hablo y los que no, tienen que considerarlo como su próximo destino porque les aseguro que no se van a aburrir!

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