02 de 06 de 2014

Vida real, la novia de las llamas

Llevábamos 11 años juntos, desde el colegio, por lo que, mirando los fuegos artificiales de Año Nuevo en la bahía de Valparaíso —donde vivimos—, decidimos que ya era tiempo de formalizar esta relación con un vestido blanco, un frac y un par de argollas, por lo que casi al otro día —y una vez que pasamos la caña—, con Eduardo empezamos a organizar la ceremonia y la fiesta.

Los días antes del 12 de abril fueron superbonitos, porque mi hermana me hizo las invitaciones a mano, con mi mamá se aplicaron con los encintados, la familia de él ayudó a decorar la iglesia, organizamos juntos lo de la fiesta y la lista de regalos y, entre vuelta y vuelta, me animé y compré las flores para hacer mi ramo.

Asimismo, el vestido lo arreglé, porque el que me gustaba no era de mi talla, sino que más chico, así que le metí tijera y le bordé el escote con unas perlitas, además de agrandar el ruedo para verme como una princesa. Quedó bonito y me lo probé tantas, pero tantas veces, que al final lo tuve que guardar para no ponérmelo más y enfocarme en cuidar la dieta para no engordar.

Mis padres estaban muy felices con la noticia, porque soy la menor de cuatro hermanas, emoción que compartían con la familia de Eduardo, porque él es el hijo del medio, pero el primero que se casaba. El “día D” partimos temprano con el ajetreo: cerca de las dos de la tarde salí a la peluquería y, unos tres cerros más al sur, se veía una pequeña humareda. En abril son muy comunes los incendios forestales en Valparaíso, así que no le di mayor importancia al asunto.

Sin embargo, mientras me armaban las ondas comencé a preocuparme, ya que cada 10 o 15 minutos se cortaba la luz, así que todo fue más lento y recién a las seis de la tarde tuve el pelo y el maquillaje listos. De ahí tomé un trole hasta el departamento de un amigo para ponerme el vestido y, a medida que el pequeño tren eléctrico avanzaba por el centro del Puerto, me di cuenta de que las llamas ya cubrían un cerro. Pero estaban lejos, muy lejos de Las Cañas, el cerro donde quedaba mi casa. “Pobre gente”, pensé. “Ojalá lo apaguen luego”.

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1 comentarios

La Tienda de las Flores

02 de agosto de 2014

Me imagino que la Iglesia quedó tan bonita como precioso y sencillo quedó el ramo de novia con rosas blancas y amarillas. Felicitaciones al florista que realizó el trabajo.

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