06 de 05 de 2014

Check In: Brujas

Muchas veces había escuchado lo maravillosa que era Brujas y todos me repitieron mil veces que tenía que ir, así que no lo pensé dos veces y al poco tiempo de haber llegado a Bélgica visitamos la famosa “Venecia del Norte”. La llaman así por la cantidad de canales, pero conociendo las dos ciudades, son pocos los puntos en común que se encuentran.

Más allá de la excesiva cantidad de turistas que hay en esta pequeña cuidad, Brujas es una cuidad bastante chica, como casi todas las que hay en Bélgica, por lo que es perfectamente caminable. En un día se le pueden dar varias vueltas y disfrutar de los paseos en bote, almorzar con calma y entrar a los monumentos.

Aquí fue que probé los chocolates belgas por primera vez. Los oficiales, no los de supermercado. No me malentiendan como que soy una snob de chocolates, para nada, amo el chocolate en todas sus formas, sabores y orígenes, pero es que los chocolates belgas no tienen comparación. Compramos una cajita y nos sentamos a disfrutar de sus distintas versiones de praliné con los pies colgando hacia los canales.

Brujas parece sacado de cualquier cuento. Con castillos, iglesias y molinos, es fácil imaginarse a cualquiera de las princesas caminando por ahí. Es una cuidad llena de monumentos y muy bien cuidada. Incluso los edificios más antiguos, que ahora los ocupan tiendas como Zara o H&M, están perfectamente pintados con colores llamativos y dorados lo que hace recorrer las calles aún más entretenido.

Pero como todo es tan lindo y hay tanta gente dando vuelta, puede resultar un poco confuso y, por no saber o no verlos, se pueden saltar varios lugares que hay que visitar. A mí me pasó eso, pero tuve la suerte de ir dos veces más y repetir los favoritos y encontrar los que me había perdido. Uno de estos fue el Beguinage, que son unas construcciones típicas del norte de Europa en las que vivían mujeres que dedicaban su vida a la religión, pero no necesariamente monjas. Ahora aún vive gente ahí, pero es un lugar perfecto para desconectarse de tantos turistas ya que es muy silencioso. Además que las casitas blancas que rodean el patio central cubierto de narcisos amarillos es como para sentarse un rato y disfrutar el paisaje.

Otro imperdible que está escondido es el bar 2be, que no tiene nada muy especial además de una pared cubierta con todas las cervezas belgas y sus respectivos vasos. Si pensamos que en Bélgica tienen más de 300 cervezas distintas, es algo que vale la pena ver.

Mis favoritos son tres, muy distintos uno del otro. El primero es la torre o campanario que está en la plaza central. Es el edificio más alto de Brujas y se puede subir hasta la cima para tener una vista panorámica. La fila para entrar puede ser un poco larga pero después de los 366 escalones (si!! demasiados!!) la vista es increíble.

El otro es el Minnewater, un sector en el que los canales se transforman en un río ancho, rodeado por árboles y casitas hermosas, perfecto para sentarse a almorzar o a descansar un rato. El último es algo más curioso, y es el perro de Brujas. es un golden retriever que siempre está asomado en una ventana que da a los canales por los que pasan los botes y desde hace años que se ha vuelto famosos entre los turistas. Es una tontera pero hace la cuidad distinta, única y más simple.

Pese a no ser muy grande, ni tener los panoramas más atractivos de Europa, Brujas en muy especial y debería estar en la lista obligada de cualquier viajero. Yo no me arrepiento de haber ido, todo lo contrario, a veces quisiera poder ir más.

@JaviPeirano

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