03 de 12 de 2013

Check In: Berlín


Cada ciudad es única y eso no se puede discutir. Puede que tengan cosas en común como la comida, tipo de edificios, gente parecida, etc., pero la verdad es que nunca he visto nada parecido a Berlín. Tuvimos la suerte de tener una amiga que vive allá y que nos mostró la ciudad de verdad y no sólo la de las guías turísticas. Fuimos a las fiestas más locas en las que he estado e hicimos todo lo posible para no perdernos en Berlín.

Berlín puede ser un poco engañoso. El centro histórico está rodeado por edificios modernos y elegantes, por tiendas de las mejores marcas, diseño de interiores muy modernos y por supuesto restaurantes y cafés muy exclusivos. Pero si cruzan el río y se van al barrio cerca de la estación Samariterstraße, se van a encontrar con una ciudad completamente diferente. Aquí abundan las tiendas de ropa usada, los mercados de las pulgas, comida de todas partes del mundo y además muy barata. La diferencia también se ve en la gente, en cómo se viste y cómo actúan, en esta área de la ciudad se ven principalmente jóvenes y también muchos extranjeros, lo que permite un intercambio cultural constante que hace de Berlín una ciudad tan diversa y cosmopolita.



Pese a tener excelentes museos, la mejor exhibición está en la calle. Basta con tomar un mapa (que nosotros conseguimos gratis en Starbucks) y caminar por la línea por la que iba el muro. Ahí pueden recorrer la ciudad pasando por los puntos más importantes: La puerta de Brandenburgo, el memorial del Holocausto, el bunker de Hitler y el famoso Check Point Charlie, en el que hasta te pueden timbrar el pasaporte como que si estuvieses pasando del lado oriental al occidental y viceversa. A mí lo que más me gustó visitar fue el Memorial del Holocausto, que pese a estar ubicados en uno de los lugares más concurridos de Berlín, hace que el ruido de la ciudad se aleje, la temperatura baje y, por lo menos a mí, hizo que se me pararan los pelos.

Además me llamó mucho la atención que los bloques de cemento no estuvieran rallados, pero mi amiga me explicaba que están cubiertos por un líquido especial que repele la pintura. La compañía que produce este líquido lo entregó de forma vitalicia al memorial ya que, durante la Segunda Guerra Mundial, ellos eran los que abastecían de gas las cámaras. Otra cosa que disfruté mucho fue ver Trabants por todos lados, un auto de muy mala calidad que hacían en Alemania Oriental y que es una de las cosas que jamás voy a olvidar de mis clases en la universidad.


Berlín es una ciudad con tanta historia que es imposible dejar de asombrarse. Después de ser bombardeada y destruida tantas veces, quedó desocupada y empezó a ser poblada por artistas y outsiders, todos aquellos que no calzaban en otros lugares. Así es como se puede ver arte en toda la ciudad, desde galerías, bares con música en vivo, graffitis, etc. Uno de los mejores ejemplos para ver esto es la Galería del Lado Este. Es uno de los pedazos de muro más grande que aún se conservan y que a lo largo de 1.3 kilómetros, está cubierto de graffities, algunos que ya se han hecho famosos y partes de la ciudad.

Yo creo que es quizás demasiado alternativa y artística para mí, pero pese a esto Berlín es una de mis ciudades favoritas, no porque sea mi estilo, si no porque es una ciudad demasiado auténtica y que hace obligatorio visitarla.

 

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