24 de 09 de 2013

Check In: Viena

Cuando supimos que nos veníamos a Europa, con Diego (mi novio) decidimos que teníamos que recorrer lo máximo posible. Así cuando tenemos tiempo y un poco de plata,  vemos el mapa y elegimos nuestro próximo destino.
A Viena fuimos el año pasado poco antes de Navidad, y debo decir que es la ciudad más elegante en la que he estado. Sus calles, monumentos y museos, pero sobre todo su gente. Mi mamá me lo había advertido “no lleves cualquier cosa a Viena porque hasta los perros son elegantes!” y tenía razón.
Viena es una de las ciudades más grandes y cosmopolitas de Europa, además de ser una de las más viistadas por turistas, ruta que seguimos una vez más. Partimos en Schönbrunn, uno de los de la Casa de Habsburgo, familia que rigió Austria desde el Siglo XI hasta principios del siglo XX, cuando fue asesinado Francisco Fernando, y empezó la Primera Guerra Mundial. Pero aquí no estamos para hablar de historia y no pretendo sonar a conocedora, así es que mejor me salto esa parte.

Los jardines del palacio son enormes, tanto que hay hasta un zoológico dentro. El clima y el tiempo jugaron en nuestra contra, pero igual pudimos pasear y ver una vista panorámica de la ciudad y las ultra sociables ardillas que andan por los jardines. Debo asumir mi vergüenza y decir que engañé y manipulé a una ardilla para que pensara que tenía comida y así poder tener una foto. PETA ven a mí ahora!
Después nos fuimos al el centro. Pasamos por el distrito de los museos, la catedral, calles de compra, más parques y varios mercados navideños que lamentablemente aún no abrían sus puertas. Comimos las típicas Vienesas, que son más parecidas a los choripanes que las tipo hot-dog que yo esperaba, y para terminar la noche fuimos a comer Schitzel, que es la comida más típica de Austria. Nombre complejo y todo, no es nada más que una escalopa.

El segundo día del viaje partió un poco distinto a cualquier recorrido turístico, y es que era justo el lanzamiento de la colección de Maison Martin Margiela para H&M. Como buena amante de la moda con un presupuesto reducido, me fui a hacer la fila de costumbre. La tienda abría a las 9am, y a las 8am yo ya estaba parada en el medio del frío austríaco y sin entender nada. Gracias a Dios por mi iPod con juegos, por mi parka y bufanda que me salvaron del frío. Cuando abrieron las puertas todos corrían y se empujaban por conseguir algo, era como el fin del mundo!! Yo tenía mi meta clara: un vestido dorado y un clutch plateado y los conseguí así es que no pude más de felicidad.
Después me encontré con Diego (que jamás me iba a acompañar a hacer cola para comprar algo), tomamos en metro y seguimos recorriendo. Nos fuimos a Belvedere, que es otro de los palacios que hay en medio de Viena, también es un museo y el acceso a los jardines es gratuito. Tomamos el desayuno más caro de nuestras vidas en un café  que hay en el mismo palacio, para después pasear, aprovehcar el sol y tomar nuestro avión de vuelta a Bélgica.

1 comentarios

Silvia

26 de septiembre de 2013

Excelente columna, me encantó porque me llevó de nuevo a caminar por la ciudad, que claramente se caracteriza por su elegancia. Yo fui en el mes de enero con un frío increíble, pero igual recorrí y quedé impresionada. Felicitaciones por tus viajes! Silvia

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