28 de 02 de 2011

Déjate sorprender


*Fotografía tomada en una ruta de trote en Termas de Chillán, en medio de la cancha de Golf.

Por esas cosas de la vida, fuimos a dar con mi marido a las notables Termas de Chillán. El viaje fue pensado para vivir el descanso, dormir sin prisa, disfrutar de la sensación de andar en bata todo el santo día, comer rico, leer bajo un árbol y dejar que el azufre termal me compusiera la rigidez de los huesos. Todas cosas que hacía desde niña, época en que mientras los demás querían explorar, yo sólo quería vivir la calma y era capaz de sobrevivir a largos períodos de tranquilidad sin mayor neurosis.
Ahora, que ya estoy con 32 años en la espalda, siento la necesidad de dejarme llevar por el movimiento para gozar del aire puro, de los árboles que van haciendo más amables los caminos, de mi capacidad física de no agotarme jamás. Entonces, cuando desperté mi primer día en ese hotel y miré por la ventana, sentí que me perdería un párrafo interesante de mi vida si no me ponía las zapatillas y salía a ver qué había en ese bosque encantado.
Le pregunté al señor a cargo de animación por dónde había una ruta de running y me contestó que si me daba el cuero podía intentar subir la pista de esquí. Y lo hice. Partí caminando un tanto tímida y temerosa de que la subida de esta montaña me fuera a tirar en la cara las dos decenas de años de sedentarismo. Pero como la naturaleza es piadosa, nos enfrentamos en son de amistad. Troté y se dejó trotar despacio, consciente de cada paso vivido, de cada gota de sangre que permitía el avance. Mi corazón cedió ante sí mismo y me permitó llegar muy arriba, donde ahora que lo pienso jamás, ni en mis más grandiosos sueños, creí que llegaría. Cerca de la cumbre me vi de pie, mirando un valle majestuoso que había dejado atrás no sólo gracias al entrenamiento, sino también a mi capacidad de meditar en movimiento y centrarme en cada paso, sin pensar jamás en el objetivo ni en el cuánto quedará.
Yacía soprendida, encantada, respirando, recuperando… y viene, en medio de esa melancólica soledad que cobran los centros de esquí en verano, un hombre cuya sonrisa sin dudas recordaré eternamente. Me dijo que debía volver mañana con ropa de recambio y agua para beber (porque me daría mucha sed en el camino y me deshidrataría) para subir durante 20 minutos caminando, hasta encontrar la terma que data de 1930 donde solían darse baños de vapor de azufre las mujeres y hombres de la zona.
Lo que el tipo no sabía era que nosotros nos íbamos a Santiago al otro día, por lo tanto, o caminaba ahora, o esto me amenazaba con transformarse en un sueño más que alimentar. Y así, mientras el tipo caminó cerro abajo, recordé vívidamente La Suma de Los Días de Isabel Allende, cuando cuenta que sus libros poseen más de su vida sorprendida que de su imaginación. Y partí. Me preocupó la hora, Eduardo se complicaría si no llegaba a tiempo, pero a pesar de su disgusto, intuía que entendería mi alma libre y curiosa y al final del día siempre me perdonaría…
El camino era duro, tenía arena que hervía con rabia, los rayos del sol traspasaban mi ropa, el sudor se empezaba a sentir y mis manos dejaban ver sus venas marcadas. Me concentré en los pasos, intenté mirar lo menos posible para adelante, sólo levantaba la cabeza a ratos para ver que no hubiera un peligro, cosa absurda porque era sólo yo, la montaña, el cielo, el sol y Dios. Y una hierba de San Juan que me adornaba el camino.
De pronto, cuando ya la sed se me hizo insostenible y las ganas de tomar agua me hacían tiritar un poco, vi una casa de ladrillo abandonada. En la mitad de la nada estaba aún de pie, sólida, a pesar de los profundos deseos que tenía el vapor de sacarla de su camino. Subí una escalera tétrica, a ratos saltaba escalones entre una hierba intensa… y estaba ahí, la casa del año ’30, el lugar donde gente había puesto toda la esperanza del universo para su curación, tal vez imposible. Entré con respeto, oliendo el olor del demonio, que no tenía nada que ver con orina, sino con el azufre, que tantos milagros es capaz de generar en nuestro cuerpo. Y en vez de pensar que era una mugre de sitio, sentí que aquellas sillas y camas de madera abandonadas a su suerte tenían una carga energética potente. Entré emocionada, mirando muy bien donde pisaba y decidí grabar un video de lo que veía por si algún día carecía de la capacidad de traspasar las vivencias a través de la escritura. Imaginé a las mujeres reunidas entorno sólo a un vapor que venía, ni más ni menos, del centro de la tierra. En un segundo sentí que mi abuela habría matado por vivenciar algo así, dado que el sauna –iba al de Viña del Mar todas las semanas, uno que está o estaba al lado de la iglesia, cerca de la calle Valparaíso– siempre fue su único gran secreto de juventud. Así, a pesar de estar absolutamente sola, era capaz de ver los rostros de esas mujeres que llegaban en caballo hasta este lugar sagrado. En un instante me senté con el temor que se desplomara la silla y me quedé con mi rostro cerca del vapor que emergía con fuerza. Después me saqué el polerón y me quedé los cinco minutos más conscientes de mi vida ahí, enamorada de la soledad que emanaba desde los cerros. Salí sólo cuando comprendí que debía sobrevivir a más de 40 minutos de trote bajando la montaña, sin agua. Aún así, me dije con certeza: “esto merecía ser vivido”.
Salí y escuché un riachuelo de deshielo. Supuse que era el mismo que atraviesa un sendero del hotel y recordé las palabras de una guía, cuando le dijo a un señor que preguntó si era agua limpia “sí, pero como hay trabajos, se enturbia a mitad de camino”. Y yo ahora estaba mucho más arriba que a mitad de camino, andaba, literalmente, por donde el diablo perdió su poncho y su aroma. Y me tiré al riachuelo, mojé mi pelo, sentí ese profundo e inigualable placer que me dio de manera gratuita y sincera, el agua helada. Bebí de ella, agradecí tener vida, piernas fuertes, corazón valiente y cerebro libre de dudas, todos quienes me habían permitido llegar hasta aquí.
Tomé fotos porque “esto nadie lo creerá” y tal vez al bajar perdería la noción de lo vivido y no sabría si realmente existió o si sólo lo soñé en un instante de aburrimiento. Hice bien. Hoy las miro cada vez que estoy un poco estresada y necesito volar a un lugar de paz.
Regresé no sin antes pedir disculpas y arrancar hierba de San Juan para poder descansar en mis noches confusas. Así, con un alegre y sencillo ramo de flores naranjas en mi mano comencé mi trote de regreso. Iba iluminada, encantada. Llegué contando el milagro, a pesar de que lo más probable era que Eduardo estuviera pensando que le estaba poniendo de mis cosechas infinitas y que otra vez mi imaginación de niña me había hecho una broma y me había dejado caer en ese espacio donde se reproducen las cosas de manera ilógica, sin sentido.
Pero en vez de eso, me miró, me tocó y me dijo que cuándo me cansaría de andar trepando cerros y metiéndome en casas embrujadas. Que aprendiera de él, que había estado igual cantidad de tiempo caminando en la trotadora y no había corrido peligros.
Pero me miré en el espejo del gym y vi mi semblante distinto al de todos los que estaban allí. Yo venía de afuera, de la naturaleza… había estado en contacto con ese Dios que se supone que existe pero que uno casi nunca ve. En conclusión, la vida me había sorprendido porque yo cada segundo de la existencia me dejaba sorprender.
Sólo en el instante que sentí que no le podía narrar lo vivido porque jamás entendería, nos miramos profundamente y caí en la cuenta que él ya asumió que soy acontecida y yo comprendí que amo vivir lo que vivo.
Lo cuento para que, si te hace sentido, te dejes sorprender. Es una decisión. Que la vida te entregue experiencias que te lleguen al alma y te sacudan el corazón depende de ti, de cómo invites a la existencia a que te muestre el camino del lado, ese que los demás deciden no ver.
A ratos es duro. Pero te firmo que los seres humanos nos armamos de este tipo de vivencias. Y el día de mañana son este tipo de recuerdos los que nos permitirán ponernos de pie.
¿Quieres compartir algún momento en que la vida te sorprendió y que de sólo recordarlo se te alegra el corazón?
xoxo

17 comentarios

July

14 de octubre de 2011

HO.. que maravillosas palabras tal vez son las que a mi no me salen pero las siento con toda mi alma al estar en contacto con lo que mas amo la naturaleza, no me pude despegar de tu post asta haberlo leido todo y ami que no me gusta para nada leer me senti parte de tu caminar parte de respirar ese aire que solo sabe quien esta ahi me senti cansada de subir cerro arriba gracias andaba buscando imagenes para este fin de semana salir a caminar por esos lugare sy me encuentre con alguien que me iso dar un respiro de paz de energias estando en mi trabajo muchas gracias por tu relatocada palabra me identifico en cada ainstante saludos

paz

19 de marzo de 2011

hola que entretenido es leerte!! me siento tan identificada con cada cosa que escribes y hablando de isabel allende eres igual de detallista y entretenida me quedo pegada leyendo tus posts!! jajaaja ahh y no hay nada mas rico que disfrutar todo a concho y vivir el dia a dia yo tambien soy super soñadora!! ademas esta comprobado, la mitad de los sueños que tenemos se cumplen!! asique no perdemos nada jajaaj abrazos!

Dany

07 de marzo de 2011

Felicitaciones por tener el maravilloso don de traspasar tus vivencias a un escrito. Lo haces genial, logras hacer que imagine todo lo descrito. Leo siempre tus artículos y me encantan... Gracias por compartir tus experiencias y recuerdos fotográficos.

vero

06 de marzo de 2011

andreé tu esposo es un encanto!!! les deceo lo mejor

Dani

02 de marzo de 2011

hace un par de semanas vivi algo parecido, fuimos a la casa de campo de mis abuelos, y ahi con mi hermano y 2 primas nos lanzamos de aventura, tal como lo indicas, fue increible, subir un cerro sin senderos, y bajar una pendiente de 80 grados...fue increible, bueno, no para mi primita, q llorba pensando q no lo lograríamos, pero para mi fue genial, las heridas valieron la pena, y ese contacto con la naturaleza es algo q no tiene precio...ahora me siento tan inspirada como tu, gracias por compartirlo'!!!

Naty

02 de marzo de 2011

MARAVILLOSO!! No podía parar de leer =)

Lichi

01 de marzo de 2011

Andreé... definitivamente tu poder de narración es maravillosa... me sentía ahí ... viviendo y sintiendo la sed.. nice post... se hechaba de menos cosas de calidad en cosmo online, un gran abrazo y gracias por compartir tu vevencia con nosotras... XOxo!

Lucía

01 de marzo de 2011

Uuuyy Andrée... como se extrañaban este tipo de post en el blog, nada que decir, me dejaste sin palabras. Casi puedo apostar que me transporté y vi la casa de ladrillo , tomé de la misma agua y me emocioné en conjunto contigo. Nada que decir, solo te mando un abrazo gigante!!!

Ale

01 de marzo de 2011

¡Me encantó!

Pelusa

01 de marzo de 2011

Maravillosas son las Termas yo vivo acá en Chillán he ido un par de veces a las turbinas, los Lleuques, es increible teniendo todo esto y no ir casi nunca, pero bueno. Besos a todas

REINITA

01 de marzo de 2011

Andree... me hiciste recordar mis años de scout cuando nos internabamos en el Alto Biobio en medio de colihues y escuchando el rio esplendoroso de aguas turquesas. Todas la mañanas saliamos a recorrer los cerros caminando y cantando ... dando gracias por aquellos momentos que jamas se olvidan. En las noches en torno a grandes fogatas tocabamos instrumentos mapuches para conectarnos aun mas con la naturaleza. Es maravilloso internarse y a la vez expulsarse de la montaña, porque es magica y esta llena de secretos que se llevan en el alma...te purifica y te hace ver tan pequeño con su magnificencia. Excelente post para comenzar marzo !!!! Besitos y que todas tengan una excelente semana ;) PD: Cuando sale la revista de Marzo???

Argelia Jimenez

01 de marzo de 2011

Me encanto este post,yo tambien disfruto al maximo cuando me voy de vacaciones,,,y me pongo en contacto con la naturalezaa, el aire libre..mi libertad...Me empapo de enegía...!wooow..!!!! Lo disfrute mas cuando fui al cerro de los venadoss.ya kieroo ir a los tuxtlaaass...!!!!

Carolina

28 de febrero de 2011

Xoxo! sentí en tus palabras una libertad que traspasa todo,me contagiaste de energía buena y positiva con cada emoción vivida. Gracias por compartir tu experiencia! Mañana iré a un lugar hermoso, dejaré sorprenderme por todo aquello que a veces, sin querer no veo. Un abrazo y fuerza !

Tammylalalá

28 de febrero de 2011

Sentí exactamente lo mismo en mis vacaciones en Uruguay, me caminé todo Colonia del Sacramento admirando las ruinas y antiguas casas, imaginando a la gente que allí vivió. Como fui sólo por el día desde Montevideo, caminé muchísimo, pero me dije " no puedo irme de Uruguay sin haber ido a Colonia".Me empapé de su energía, de ese viento maravilloso del Río de la Plata, y además, le perdí totalmente el miedo a volar. Ahora tengo como wallpaper de mi celular la foto que tomé desde el avión, para recordarme todos los días que vencí ese miedo y soy una mujer un poco más fuerte. Besos Andree, hermoso post.

Cyn

28 de febrero de 2011

Notable el relato estuve pegada al texto todo el rato, que increible que muchas veces no nos damos el tiempo para disfrutar de las verdaderas bellezas que nos entrega la vida :)

Jc

28 de febrero de 2011

Andree, pero que bien estuvo ese paseo se nota en la pluma de esta nota, aire libre, cerros y running...y principalmente conciencia para disfrutarla y recordarla. Felicitaciones.

Carolin

28 de febrero de 2011

Maravilloso post, y maravilloso sentimiento el que nos traspasas en cada palabra. Se notó algo especial que, imaginario o no, tocó mi corazón con su trasfondo. A veces una trotadora no es capaz de hacernos sentir libres, y no es una cosa de endorfinas, sino de esencia aventurera e infantil. Algo así como ser un Peter Pan en versión femenina, en un mundo actual. Un abrazo.

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